martes, 4 de febrero de 2014

Condena a la homofobia del cardenal Sebastian


Sabrán a lo que me refiero. Lo de siempre. Un obispo se pronuncia acerca de la homosexualidad y se le tacha de homófobo. Pero creo que hay un matiz más preocupante que en los últimos años. El problema no está en el cariz de las declaraciones, sino en que se quiere vetar la visión objetiva de la homosexualidad. No digo ya un juicio de valor, sino una definición cierta. Aséptica.

Hemos sido bombardeados de tal forma con propaganda progre que no es de extrañar que muchos lectores sean incapaces de leer este post sin que sus prejuicios veten cada frase que escribo por miedo a caer en la homofobia. El sólo hecho de pensar sobre la naturaleza de la homosexualidad les molesta. Prefieren pasar.

Por esta razón no voy a caer en el juego de decir frases tabús, con lo que se demonizarían mis intenciones como excusa para no reflexionar sobre el tema. Sólo animo a pensar a los lectores poniendo unos cuantos ejemplos:

¿Qué es una nariz grande? Es tan sólo un rasgo físico. Quizás no normal.
¿Qué es una nariz desorbitadamente grande? Hablariamos de deformidad. Ya es algo más preocupante que el hecho de no ser normal.
¿Qué tal creerse Napoleón? Un transtorno mental. O una enfermedad.
¿Cómo se calificaría la apetencia de lentejas? Como gusto, opción.
¿Y de naranjas amargas? Otra, tan válida como la otra, aunque menos común.
¿Y si te gusta comer madera? Ya hablaríamos de un transtorno.
¿Si te gusta el vino? Eso ya vuelve a ser simple gusto.
¿Si eres adicto al vino? Enfermedad.
¿Si siendo adulto adquieres el rol de un niño? Un transtorno.
¿Si eres hombre y te gustan las rubias? Un gusto personal.
¿Si eres hombre y te gustan las morenas? Otro, tan válido como el anterior.
¿Si eres hombre y te gustan los hombres? Emmmmmmmm....

Cualquier definición que se dé a la homosexualidad, por cierta que sea, les resulta ofensiva, y pronto delictiva. La homosexualidad ya sabemos que es el gusto por personas de un mismo sexo, pero ¿eso qué es? ¿Una mera opción? No lo sé, díganlo ustedes ¿Es como el gusto por las rubias? ¿Es una opción que un adulto se comporte como un niño? ¿Lo es que un hombre adquiera el rol de una mujer? Y es importante definirlo, porque nos da la clave de la naturaleza del asunto del que hablamos y de lo que es correcto o no.

Imaginemos que deducimos que la homosexualidad es una simple opción. Como el gusto por las rubias. Ningún problema. Pero si no es así ¿qué hacer? Veamos cómo afrontar cualquier problema, y que conste que no comparo gravedades, de la misma forma que si hablo de delitos puedo hacer mención al pirateo de CDs o al asesinato, y doy por hecho que ambas cosas no son iguales. Pues bien, ¿ante el alcoholismo hemos de llamar a la abstención o eso sería tener fobia a los alcoholicos? ¿Estaríamos al menos no comprendiéndolos? Otro ejemplo: quizás un hombre que adquiera el rol de un niño, si a pesar de ello trabaja, pueda vivir sin problemas. ¿Pero sería adecuado defender ese modo de vida, o habría que hacer un llamamiento a la sensatez? ¿Y si el problema es irresoluble, como algunos apuntan a que lo sea la homosexualidad? Pues pensemos en cualquier problema irresoluble ¿Adquiere por ello categoría de derecho? ¿Por no haber solución pensamos que ya no hay problema? Y si es evidente que existe, ¿acaso el afrontarlo es falta de misericordia o tan sólo la consecuencia lógica de aceptar la verdad?

Algo que pensar.

1 comentario:

  1. Tema espinoso, pero muy bien tratado!!! Mis felicitaciones.

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