martes, 11 de marzo de 2014

Video reflejo de nuestra cultura



El vídeo consiste en la filmación de 20 personas que se agrupan en 10 parejas de completos desconocidos a los que la directora Tatia Pilieva ha pedido que se besen.

Lo sorprendente para mí no es el experimento (para el cual sólo se necesitan unos cuantos actores, no seamos ingenuos) sino la reacción que genera en todos los que contemplan con admiración esta mamarrachada... No se cortan a la hora de hacer comentarios elogiosos: "precioso", "de un sentimiento grande", "brutal", "increíble"...

A nadie le resulta chocante que una muestra de amor tan íntima se prodigue en completos desconocidos aunque sea en un corto. La sexualidad rebajada y bien baratita. Y el intelecto también, por cierto.

Viva Youtube y Facebook.


viernes, 7 de marzo de 2014

Yo soy modernista


Bueno, en realidad casi todos somos modernistas, incluidos los tradicionalistas, salvo que seamos santos. Esto puede chocar al lector, pero voy a explicar el por qué de mi pensamiento.

Es difícil definir el modernismo religioso pero básicamente se trata de una corriente de pensamiento que bebe de las filosofías ateas, racionalistas e inmanentistas del s.XIX. La definición parece ambigua. De ahí la importancia de la encíclica Pascendi en la que Pío X hace un meticuloso retrato de estas nefandas ideas, a las que el santo acusó de componer, más que una herejía, la síntesis de todas las herejías, porque en vez de proclamar un error abría paso a todos ellos.

En todo caso, aunque la encíclica habla de las consecuencias del modernismo, Pío X lo describe principalmente en su forma teológica. O sea, que este papa habla de la justificación que los teólogos modernistas dan de las escrituras, los dogmas y las verdades de fé. Pero el término se usa hoy extendidamente como aquel pensamiento que emana de la cultura contemporánea (y de la de Pío X) en la que los creyentes enfocan su catolicismo bajo una perspectiva relativista, descreída, racionalista (que no es lo mismo que racional), panevolucionista, chaquetera, etc. Al fin y al cabo esas eran las consecuencias de esta teología.

¿Pero cual es el origen profundo y definitivo del problema? La fe modernista es hija de las filosofías posteriores a la ilustración anticatólica, y ambas son hijas al fin y al cabo de la falta de fé, la concupiscencia y el orgullo de querer justificarlas. Estos son los orígenes. ¿Por qué?

Si defiendes que los milagros son metáforas es porque no te los crees; si defiendes que los dogmas evolucionan es para poderles dar otro sentido ante tu falta de fe; si defiendes que ciertos principios morales son moldeables es porque no los quieres suscribir a rajatabla; si das a la religión una dimensión principalmente humana es porque desprecias su dimensión medularmente divina. En resumen, son excusas, argumentos, que dan una salida digna a tu falta de fé o a tu concupiscencia.

Cuando nos cuesta creer o cumplir algo, tendemos a justificar nuestra bajeza y a querer engañarnos para hacer ver lo malo como bueno. Como decía, falta de fé y concupiscencia, y por supuesto el orgullo que nos conduce a disfrazar esa verdad para mantener la cabeza bien alta y poder seguir instalados en la mentira.

Si hacemos un serio examen de conciencia, adivinaremos que muchas veces hemos sido modernistas, incluso sin darnos cuenta. Quizás no tan contumaces como los militantes, pero modernistas al fin y al cabo. Y como las faltas que he descrito como origen del modernismo son tan elementales que se han dado y darán en todos los tiempos, debemos prepararnos para luchar contra este mal que sólo se vence con la Gracia. Por eso, siguiendo un consejo amigo, hay que rezar más.

jueves, 6 de marzo de 2014

Müller ¿Cambia o no la doctrina del divorcio?


Hoy ha aparecido un titular que me alegró, pero que al leer el contenido con sentido crítico lo tomo con cautela. Se trata del cardenal Müller, peso pesado del Vaticano que declaró el martes que la Iglesia no cambiará la doctrina con respecto al divorcio. Me alegré mucho, porque que el Prefecto para la Doctrina de Fé diga eso públicamente parecía no sólo una enmienda a Kasper, sino una apuesta en contra de la deriva que se había empezado a tomar a partir del reciente consistorio con el Papa. Y más me alegraba pensar que resultaba lógico adivinar que Müller no iba a hacer declaraciones en contra de la postura del Vaticano, sino yendo de su mano. "La idea de que la doctrina puede ser separada de la práctica pastoral de la Iglesia ha llegado a ser prevalente en algunos círculos [...] Esto no es, ni nunca ha sido, la fe católica". Estupendo. Esto significaba que tampoco metían un gol a la doctrina por la vía pastoral. Del titular colegí que quizás habían sopesado bien la problemática del asunto y las cosas se habían enderezado.

Pueden ver la noticia en Secretum Meum Mihi

Sin embargo otra frase me ha generado cierta desconfianza. "El Papa Francisco [...] ha expresado su preocupación pastoral para los católicos divorciados vueltos a casar". O sea, no pastoral, pero sí pastoral. Puede que la conclusión sea una pastoral preocupada por estas personas, pero en la misma línea de siempre. Pero me da que todo este "lío" no se hace para dejar las cosas exactamente tal como estaban. Ya sabemos lo peligroso que puede resultar un matiz en apariencia inofensivo. Pueden por ejemplo, y creo que por aquí irán los tiros, declarar que hay que delegar ciertas decisiones a los sacerdotes. De siempre los sacerdotes han dado consejo espiritual a quien lo necesite, y sopesando dentro de la doctrina la problemática personal del que lo pida, han guiado a cada uno. Es lógico, pues cada persona, cada situación y cada matiz es un mundo, y se necesita de la ayuda de un presbítero. El catecismo marca, y el sacerdote, siervo del Magisterio con mayúsculas, pastorea. Pero de aquí a que parezca que la Iglesia delega estas cuestiones a los sacerdotes, y creo que el lector entiende el sentido que doy y pueden dar a esta delegación, hay un abismo.

Pues buena noticia la de Müller, pero cautela. Hay datos objetivos, no tergiversables por la prensa, que nos dan motivos para estar alerta.

Eso sí. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Estas declaraciones son una considerable rectificación de la línea que se estaba siguiendo, aunque aún siga el peligro. El Papa se ha reunido con todos los cardenales. Y este ligero aunque significativo giro me hace pensar que muchos de ellos se han sincerado con S.S. Francisco y han actuado como su deber y la Iglesia exige. Mis felicitaciones.

lunes, 3 de marzo de 2014

El alegre suicidio


Este post tiene mucho que ver con el anterior. El camino hacia el pecado y la apostasía resulta atractivo. Y los lobos, para tenernos entre sus fauces, primero se visten de ovejas.

Algo parecido y a su vez extraño ocurre con los procesos autodestructivos de muchas naciones e instituciones. Las bases que se sientan para su descomposición son introducidas con una llamativa alegria. Oirán frases como las que siguen: ¡Llegó la primavera! ¡Un abigarrado estallido da fin al gris del pasado! ¡Viene una entusiasta mirada al futuro! ¡Se acabaron los lastres tristes y autoritarios que nos constreñían!

Cuando escuchen esto, entonen un miserere. Piensen en los frutos reales de la alegre revolución sexual de Mayo del 68; en el final feliz de la niña bonita, la II República española, definida por el ortegiano 'no es esto'; en los presentes problemas con Cataluña y País vasco creados a partir del consenso con los amables separatistas en la centrífuga Constitución del 78; en la increíble secularización venida a raíz del aggiornamiento del Concilio Vaticano II; en lo que depararán las primaveras árabes dizque yihadistas, etc.

¡Ay! Qué aguafiestas es aquél que tiene ojos y un dedo para señalar. Pero no quiero tener cara de pepinillos en vinagre y estropearos la primavera. Como dice la locución latina, "castigat ridendo mores". Así que os regalo un divertido ejemplo de lo que he explicado. Imaginaos un arquitecto, que en un momento de genialidad flower power decide construir un puente liberándose de los obtusos estudios necesarios para su diseño, de los dolores de cabeza que producen los tediosos cálculos matemáticos y de las alienantes obligaciones de realizar evaluaciones de capacidad de carga. ¿Usted pasaría por el puente? Quizás algún carca venga con monsergas de que es necesario mucho estudio, dedicación, meticulosidad y cálculos para llevar un proyecto así cabo.

Pero en este momento, llegó la primavera. Y a mi me ha pillado con alergia.

sábado, 1 de marzo de 2014

El camino a la apostasía


Siete son los pecados capitales, y es muy curioso darse cuenta qué nos suele conducir a ellos:

Lujuria: El camino hacia la lujuria suele ser una bella mujer.
Gula: El camino hacia la gula suele ser un sabroso manjar.
Avaricia: El camino hacia la avaricia suele ser una riqueza portentosa.
Pereza: El camino hacia la pereza suele ser una cama mullida.
Ira: El camino para justificar la ira es disfrazarla de justicia.
Envidia: El camino hacia la envidia pasa por la querencia de grandes cosas para uno mismo.
Soberbia: El camino hacia la soberbia pasa por hacerse una imagen fantástica de uno mismo.

Casi siempre se cae en el pecado guiados de una mano aparentemente amiga. Si alguien se cree que el camino hacia la apostasía se recorre siguiendo aullidos aterradores y no cantos de sirena, se equivoca. Por eso hay que tener cuidado con teologías amables pero extrañamente contradictorias. No veréis en los anticristos a ogros o a serpientes. La cara espantosa no se dejará ver hasta mucho tiempo después, cuando la gente esté tan ciega como para darse cuenta.

El lobo no muestra los colmillos. Se viste de oveja. De los colmillos uno no se entera hasta que ha recibido el primer bocado. Así que ojo.

Antonio Mairena, el hereje.


Antonio Mairena, cantando por soleares (de Triana, cómo no),  decía:

  "Yo te quiero más que a Dios
   Jesús qué palabras he dicho
   que yo merezco la Inquisición."

Hecha esta sentencia, quizás habría que preguntarle a Mairena: ¿Y por qué quieres tan poco a esta mujer?

El genio del flamenco me hubiese mirado perplejo. ¿La pregunta no sería que por qué no quiero más a Dios? En apariencia, la soleá deja bien claro que no se puede querer más a la amada.

Pues no. De este cante se infiere un escaso amor por Dios, pero también un escaso amor hacia esa mujer. Imaginemos que nos referimos a una esposa. ¿Se la puede querer más que a Dios? Es que es tan buena, es que es tan guapa, es que es tan perfecta... Pero caeríamos en la idolatría, y entonces tendríamos que hacernos otras preguntas: ¿el esposo sería capaz de perdonar una infidelidad por parte de ella? ¿No le supondría un trauma insalvable? Tanto la elevó al cielo que de la caída se mató. ¿Cuanto le dolerían los injustos reproches propios de muchas parejas en el día a día? ¿Y qué ocurriría si ella le abandona? ¿Y acaso el amor no se iría marchitando por esa actitud humillante que no da más que motivos para que la esposa no valore a su apocado vasallo? Pero sobre todo, ¿ante quien encomendar el matrimonio para que este siga adelante?

Si el protagonista de este cante tuviese un amor ordenado, con Dios en el centro, estos baches sentimentales se superarían y podría perdonar. Pero si el centro de su vida sólo lo ocupa ella, será difícil que pase por alto las grandes decepciones que nos dan las personas a las que queremos. Se rompe un mito y no hay altura de miras para el perdón. No puedo evitar acordarme del enamorado, que de tanto querer (?), la mató a ella, a los hijos, y se suicidó.

Y es que Dios es sabio. Cristo es sabio. Y por algo la escala de valores que nos legó a todos no se puede permutar. Por eso el humanismo sin Dios, paradójicamente, en vez de encumbrar al hombre lo degrada.

Amarás a Dios por encima de todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo.

El azul color naranja


No sé si os ha ocurrido alguna vez que utilizando un editor de imagen os habéis llevado la sorpresa de que al tomar una muestra del pixel de un tono de color os da como resultado otro muy distinto. Efectivamente, si ampliamos por ejemplo el verde de la fotografía de un paisaje, veremos que en la composición intervienen imperceptibles tonos rojos, azules, grises, etc.

Algo así ocurre con las verdades de la vida. Sobre cualquier tema podemos hilar tan fino que es fácil encontrar excepciones, paradojas y aparentes contradicciones. Pero cuando amparándose en ellas alguien nos quiere convencer de que el azul es más naranja que otra cosa, algo va mal. Si nos dicen que es imposible definir el color de la fotografía de la mata porque, claro, ¡se compone de tantos tonos!, pues mejor mirar de soslayo ese intelectualismo que al final es incapaz de ver la realidad.

Mantengamos la sangre fría y la sensatez para que no nos den gato por liebre. Para que la sabiduría de saber profundizar en las cosas no se convierta en una miopía terrible. Para que el acierto de ver el ladrillo no se torne en el absurdo de no ver el edificio.

Menos mal que MacGyver no leyó a Pagola o a Küng... No sé qué hubiera hecho cuando tuviese que cortar el cable rojo de una bomba de relojería.